Don de Ciencia

El don de Ciencia “nos lleva a captar, a través de la creación, la grandeza y el amor de Dios” (Francisco).

Es principio de sabiduría conocer al Creador a través de las criaturas, es principio de discernimiento que por los frutos se conoce el árbol, es principio filosófico que por los efectos se averigua la causa. Sin embargo, el don de Ciencia no se alcanza por deducciones, sino por vía de contemplación, es regalo que concede el Espíritu, y por él se adquiere una mirada teologal, para valorar en la realidad material la huella divina. Pascal afirmó: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”.

Muchos científicos han llegado a confesar su fe en el Hacedor del universo, accediendo a la verdad fundante de todo lo que existe por la contemplación tanto del orden de los astros, como de la vida en el microcosmos. Johannes Kepler fue uno de los mayores astrónomos; de él son estas frases: “Dios es grande, grande es su poder, infinita su sabiduría. Alábenle, cielos y tierra, sol luna y estrellas con su propio lenguaje. ¡Mi Señor y mi Creador! La magnificencia de tus obras quisiera yo anunciarla a los hombres en la medida en que mi limitada inteligencia puede comprenderla”.

Sin necesidad de acudir a los científicos que llegan a admitir la existencia de Dios, con nuestra sola razón, cabe, por vía de la naturaleza, del cosmos, de la bondad humana, observar la belleza, el orden, la armonía, e intuir la existencia de un Ser supremo, que lo sostiene todo, lo invade todo, lo penetra todo.

El poeta, el místico, el artista, dotados por regalo espiritual de la auténtica Ciencia, saben leer la revelación divina que contiene el lenguaje, el interior del corazón, la materia. La ciencia verdadera, la que procede del Espíritu, sabe cantar las grandezas del Señor, proclamar sus maravillas, que realiza de manera espléndida, muchas de  ellas en el interior del alma.

San Juan de la Cruz nos dejó el poema: “¡Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado! ¡Oh prado de verduras, de flores esmaltado! Decid si por vosotros ha pasado.

Respuesta de las criaturas: Mil gracias derramando pasó por estos Sotos con presura, e, yéndolos mirando, con sola su figura, vestidos los dejó de su hermosura” (Cántico Espiritual 4.5).

Santa Teresa de Jesús: “Aprovechábame a mí también ver campo o agua, flores. En estas cosas hallaba yo memoria del Criador” (Vida  9, 5).  

Que el Espíritu Santo nos infunda la mejor ciencia, la que llega a conocer y a reconocer al Autor de todo lo que existe, y nos mueva a exaltar y a cantar las obras de Dios, como hicieron los tres jóvenes de Babilonia: “Criaturas todas del Señor: bendecid al Señor”; como hizo María, la madre de Jesús, al entonar el himno: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. San Francisco Asís, el hermano universal, nos dejó el cántico de las criaturas: “Alabado seas, mi Señor, e n todas tus criaturas, y especialmente en el Señor hermano sol…”