sáb

16

may

2015

La Piedad

En el corazón del mes de mayo, nos fijamos en una de las imágenes más hermosas y conocidas de la Virgen, la llamada “Pietà” de Miguel Ángel, que se venera en la basílica de San Pedro, en el Vaticano.

Ha sido contemplando esta imagen de la Piedad, cuando he comprendido mejor el amor de Dios a su Hijo amado, y no solo, como dice el Evangelio de San Juan, cuando el Verbo estaba metido en los pechos del Padre (Jn 1, 18), y como expresa Jesús: “Porque el Padre quiere al Hijo” (Jn 5, 20); “Por eso me ama el Padre” (Jn 10, 17); “Como el Padre me amó” (Jn 15, 9), sino porque Jesús, a lo largo de su paso por nuestra historia, fue el Hijo amado de la Virgen María.

En la estatua que contemplamos, no solo se descubre el amor maternal de María, sino al comparar la delicadeza y juventud del rostro con la fortaleza que indican las rodillas de la Virgen, interpreto el simbolismo de la presencia del amor del Padre. María es la mediación histórica del amor de Dios a la Humanidad del Verbo.

No podemos  pensar que sea por limitación del artista la necesidad de sostener el cuerpo de Jesús con un volumen tan recio como el que muestra la Virgen de cintura a pies En ello interpreto una intención teológica de Miguel Ángel.

Observo toda la escultura contenida en una volumetría triangular; a María que muestra a Jesús a manera de altar; y representada, por el artista, más joven que su Hijo, para mostrar así a la Llena de gracia, y madre por don del Espíritu Santo. Desde estos detalles, intuyo en el lenguaje de la escultura la presencia de la Santísima Trinidad.

María es la amada de la Santísima Trinidad, y a su vez es la mediación trinitaria en el plan divino de salvación, dando a luz al Hijo de Dios, y dando a luz al Cuerpo de Cristo, su Iglesia, al pie de la Cruz.

En la Piedad se puede contemplar la doble maternidad de María, madre de Cristo, Dios y Hombre verdadero, y Madre de la Iglesia, y  a quien hoy suplicamos  que sea para nosotros también mediación del amor divino.