La Virgen de los panaderos

Hoy celebramos la fiesta de San Isidro Labrador, canonizado el mismo día que Santa Teresa de Jesús.

En resonancia del día de los agricultores, me ha venido a la memoria el título que le dan a la Virgen en una de las parroquias que servimos desde Buenafuente. En Ablanque se venera la Virgen del Buen Labrado.

El labrador tiene, sobre todo otro trabajo, el laboreo de la tierra para poder sembrar y después recoger el grano del trigal, del que se abastece la industria panadera.

María dio a luz a su Hijo primogénito en Belén, que en hebreo significa “Casa del Pan”. Ella es la artesa sagrada, en la que se guarda el Pan de Vida, el Pan santo, que es su Hijo bendito.

Existe en Sevilla la Hermandad de los Panaderos, que procesiona el miércoles santo y saca la Virgen de Regla. No es fácil decir lo que se siente a pie de calle, cuando pasa junto a ti el paso de la Virgen, y oyes el rastreo de los pies de los costaleros, la arenga del capataz en la levantada del paso, el canto de la saeta desde un balcón en la misma encrucijada de las calles, o cuando ante una fachada mecen a la Virgen y el palio acompasa el ritmo del amor más fino, envuelto en el perfume del incienso y el colorido de la ofrenda floral que acompaña al paso.

Son las imágenes sevillanas de Nuestra Señora, imágenes de candelero, porque son de vestir, y dejan ver en sus rostros la expresión más hermosa de un semblante, que aunque dolorido, trasfunde en quien lo contempla el acompañamiento más entrañable y emocionante.

¡Cuánta devoción secreta, cuánta intención y súplica dramática, cuánto anhelo por cruzarse con la mirada de la Mujer Bendita, a quien se la invoca con los nombres más estremecedores, y a la vez más existenciales!

Son incontables los títulos que recibe María Santísima, como la llaman muchos cofrades y devotos. Son muy conocidos los nombres de la Virgen de las Angustias, de la Estrella, de los Siete Dolores, del Mayor Dolor y Traspaso, de Triana, de la Macarena… Quizá, quienes no tengan origen andaluz encuentren en la imaginería sevillana, incluso de otras cofradías de Semana Santa extendidas por toda España, una expresividad exagerada en el rostro de la Virgen,  que muestra el realismo de la belleza femenina. Y sin embargo, la piedad popular intenta con ello plasmar la cercanía de la Mujer bendita, que siendo de nuestra misma naturaleza, ha sido elevada a la dignidad incomparable de Madre de Dios.