Cada día Él nos sale al encuentro

Queridos hermanos:

Agradecemos a Cristo Resucitado nuestra reunión de esta tarde, porque cada día nos sale al  encuentro, no por mérito nuestro, sino porque Él es nuestra Salvación, nuestra Justicia. Libremente se ha entregado “a la muerte y una muerte de cruz” (Flp 2, 8b). En la oración de hoy, nos brota el anhelo de que el Señor nos conceda descubrir en lo profundo del corazón Su amor incondicional, en nuestras pobrezas, limitaciones y debilidades,  y descansar en su amor.

En el camino pascual, ya recorremos la quinta semana. Este año, hasta el domingo cuarto,  solo hemos celebrado en la liturgia que Cristo, nuestra Pascua, está Resucitado. En el 4º domingo, el Domingo del Buen Pastor, hemos vivido con la Iglesia universal, la quincuagésima segunda jornada de oración por las vocaciones y la jornada de las vocaciones nativas. El lema propuesto ha sido “Qué bueno caminar contigo” y el Santo Padre Francisco, en su mensaje para este día, nos ha llamado a reflexionar sobre el éxodo, experiencia fundamental de nuestra vida cristiana y de nuestra vocación. Nos ha dicho el Papa: “La vocación cristiana nace de una experiencia de misión…y solo será posible si somos capaces de salir de nosotros mismos”. En esta salida, en la que el Papa incide tantísimo, no hemos de temer, es de la mano de Jesús.

Y a continuación del Buen Pastor, hemos homenajeado a san José Obrero, un gran modelo para nuestra vida. Decía la oración colecta del día 1 de mayo: “concédenos que, siguiendo el ejemplo de san José, y bajo su protección, realicemos las obras que nos encomiendas”. Sin faltar a la verdad se podría añadir, como las realizó él. Muchos de vosotros sabéis que Madre Teresita le nombró administrado de nuestra casa. A él y a la Virgen, los dueños del monasterio. A ellos nos encomendamos, que nos alcancen la gracia de crecer en santidad y en número, para que siempre desde estas tierras siga elevándose un canto de alabanza y acción de gracias a Dios.

En este comienzo del mes de María, queremos mirarla y acogernos a nuestra Madre, que, como decía san Juan Pablo II, “es buen camino para encontrar a Dios”

Un fraternal abrazo en María, nuestra Madre