La Piedad

Por diversas circunstancias, me he  sentido atraído por la representación del paso de Pasión llamado en España “Quinta Angustia”, que también toma nombre de “Llanto de María”.

Jesucristo, nacido de mujer, tuvo durante toda su vida la relación estable, permanente, fiel con la que había sido escogida por Dios para madre suya. De tal forma que, según el Evangelio de San Juan, la Virgen María, la Madre de Jesús, lo acompañó desde el comienzo de su vida pública hasta la hora de la muerte en Cruz.

Los textos evangélicos no narran que María pudiera acercarse al cuerpo muerto de su Hijo. Pero sí señalan que amor, envolviéndolo en una sábana, rociado con los perfumes del príncipe real en la noche de bodas. Según estos datos, no sería extraño que le hubieran permitido a la Madre dar un beso al cuerpo de su Hijo y tener con Él gestos de amor entrañable.

La piedad popular ha proyectado de muchas formas el momento del descendimiento de Jesús de la Cruz, y es muy abundante la iconografía religiosa con este motivo, tanto en pintura como en escultura.

Miguel Ángel inmortalizó este paso en su obra maravillosa La Pietá. Los escultores han encontrado en el gesto materno de María para con su Hijo motivo de inspiración en el que plasmar la fuerza a la vez que la ternura de la mujer que representa la humanidad redimida. En María nos encontramos devolviendo amor a quien murió por amor.

Si se observa el volumen  de las esculturas de María con Cristo muerto en sus brazos, se logra descubrir en ellas una dimensión triangular, y en ello contemplo, no solo la volumetría de la materia, sino la presencia virtual de la Trinidad. Es el momento cumbre en el que el Hijo cumple la voluntad de su Padre, y entrega el espíritu. Es el momento en el que María se convierte en la mediación del amor trinitario a la Humanidad del Verbo.

Jesucristo fue siempre el Hijo amado. Lo fue antes del tiempo, cuando estaba metido en el seno del Padre, y lo fue en la historia, abrazada por el amor materno. Y en el momento cumbre en el que Jesucristo ha llevado a término el plan de Dios, recibe todo el afecto, reconocimiento y glorificación, representados por el artista en la imagen de la Madre cobijando amorosamente la sacratísima Humanidad.

Pocas imágenes como la de la Quinta Angustia son depositarias del dolor del hombre, y de la piedad cristiana de cuantos sienten el deseo de acompañar el dolor de la Madre y a su vez acogerse a su amor y piedad entrañables.