La sonrisa de Dios

Quizá sea por el clima, por las largas jornadas, sin apenas luz del sol, por los inviernos intensos, por la inclemencia exterior, por lo que se ha desarrollado en tierras germanas, de una manera especial, la iconografía románica y gótica con motivos marianos.

Fue, precisamente, en Colonia donde, en el siglo XIII, en uno de sus concilios, cuando se aprobó el culto a la virgen, en el paso del descendimiento, que toma el nombre de imagen de vísperas. La mayoría de las representaciones son muy dramáticas, a la vez que expresa una gran ternura. Guardo en mis archivos numerosas reproducciones fotográficas de la que nosotros llamamos Virgen de las Angustias, o Piedad.

Mas, a su vez, se pueden contemplar imágenes de la Virgen María, con expresión maternal, llenas de luz, con un rostro radiante, y una sonrisa insinuada, que atrae la mirada y la piedad de los fieles, que se detienen ante ellas y dejan una vela encendida, para que la llama prolongue la oración, que el peregrino no puede mantener.

Es verdad que muchas de estas imágenes se encuentran en los museos, y algunas de ellas como vestigios sagrados de iglesias derrumbadas, de enfrentamientos bélicos, de ruinas históricas. Ante ellas pienso en la devoción que en su día debieron atraer a tantos fieles, y las plegarias que habrán escuchado.

Me ha impresionado, al visitar el Museum Schnügen, de Colonia, la cantidad de imágenes de la Virgen, procedentes de templos hundidos, que se muestran, aunque consolidadas, con las huellas de la violencia, algunas sin el Niño Jesús. No obstante, y  a pesar de que permanecen con la mano extendida o la mirada perdida, al no tener el Tú entrañado en su seno, aun en el caso de estar expuestas como objeto de arte, y despojadas del fruto bendito de su vientre, siguen ofreciendo a los visitantes el rostro luminoso y la sonrisa que traspasa la relación que mantienen con el Niño Jesús en sus brazos, o a pesar de haberles sido arrancado.

Impresiona el rostro de paz, y la mirada, que ahora de forma directa ofrece la Madre de Dios a quien se detiene a contemplarla, y creo en el servicio que presta la belleza, la muestra de lo trascendente, la mirada de los rostros de luz, en este mundo tan sombrío, y a veces tan violento.

Dios sigue ofreciéndonos el oasis de la mirada sonriente y entrañable de María.