Intemperie

Me he hecho algo popular entre mis compañeros de arciprestazgo por haber calificado nuestro territorio desierto de Molina de Aragón como lugar de intemperie pastoral, en razón de la emigración sufrida, el envejecimiento de la población, y la distancia a los lugares equipados con servicios sociales.

Pero no se puede comparar la experiencia de intemperie que podamos tener en el mundo rural molinés, por apartado y alejado que esté de los núcleos urbanos, con la que sufren los que llegan de países extraños a tierra extranjera, donde todo se vuelve adverso. La incomunicación, el aislamiento, la pobreza, la marginalidad, la sospecha, el rechazo, la persecución… son como muros que se agigantan y dejan sentir el escalofrío más intenso y la soledad más terrible.

No puedo decir que, por estar de paso en Alemania, participe de ninguna intemperie, menos aún cuando estoy en casa amiga y generosa, pero sí que se despierta una mayor sensibilidad, al ver a quienes se refugian debajo del puente para dormir, o por estar con quienes trabajan en la acogida de mujeres explotadas.

He visitado en la catedral de Colonia, el altar donde aún permanece la ofrenda floral que se hizo con motivo del funeral por las víctimas del accidente aéreo. He mirado a los rostros de la gente que inunda la calle comercial. He sentido el cielo gris, el frío húmedo, la grandilocuencia de la ciudad desarrollada… Y he sentido aún más el arañazo de la intemperie en tantos que no tienen dónde acudir, rostros vagabundos, expuestos a todas las inclemencias. Y me han venidos a la memoria tantas víctimas, bien por catástrofes naturales, bien por el egoísmo humano.

Y en medio de toda la vorágine, unas torres góticas bellísimas, unos vitrales luminosos, y un espacio único donde se venera a los Santos Reyes Magos, me daban respiro. Dentro del templo estaban también todos los rostros bañados de belleza, de luz trascendente, de oración secreta, al menos por un momento a resguardo de tanta intemperie. Y aunque no se cura la herida, sin embargo se siente el bálsamo de la belleza y la mirada maternal de María.