lun

16

mar

2015

IV Lunes de Cuaresma

Is 65, 17-21; Sal 29; Jn 4, 43-54

LA ALEGRÍA  DE LA SALVACIÓN

La pedagogía de la Iglesia se deja sentir en la selección de los textos litúrgicos que se comienzan a proclamar en la cuarta semana de Cuaresma, en la que se nos ofrece la lectura del evangelio de san Juan, como referencia continua hasta la Pascua.

La alegría, la esperanza y el sentimiento agradecido por la proximidad de la Pascua se fortalecen al hilo de la meditación de la Palabra. “Mirad: voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos” (Is 65, 19).

Si el grito de auxilio es una constante en la prueba, el alma se inunda de gozo en la experiencia de salvación, como canta el salmo: “Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios  mío, te daré gracias por siempre” (Sal 29).

Jesús, a su paso, va dejando la estela del bien hacer, que no se percibe solo por los signos concretos que se enumeran, sino por lo que significa la presencia del Señor en nuestras vidas. Al igual que el personaje de Cafarnaúm dio fe a la Palabra y se convirtió en testigo del favor del Señor -“El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado”-, del mismo modo, cada uno de nosotros, si da fa al Evangelio, descubrirá un sentido distinto de su vida, aun  en los peores momentos.

SANTA TERESA DE JESÚS

Hemos comenzado la cuenta atrás, atravesado el ecuador de la cuarentena. Por este motivo, a la manera de los maestros espirituales, que saben que no es bueno tensar los ánimos, traemos la enseñanza teresiana, que nos desvela algunas fuentes para vivir con alegría interior.

Es motivo de alegría verse avanzando en virtud: “Aunque ahora no sea en toda perfección, vese que va ya a ella por el gran contento que le da y alegría ver que no ha de tornar a tratar con cosa de la vida (Camino de Perfección 13, 6).

Es motivo de alegría abrazar la voluntad de Dios: “Vuestra reverencia tenga paciencia. Pues le ha dado el Señor tanto deseo de padecer, alégrese de cumplirle en eso, que ya entiendo no es pequeño trabajo. Si hubiésemos de andar a escoger los que queremos y dejar los otros, no sería imitar a nuestro Esposo, que, con sentir tanto en la oración del Huerto su Pasión, el remate era: «Fiat voluntas tua». Esta voluntad hemos menester hacer siempre, y haga El lo que quisiere de nosotros” (Cartas 284, 2).

Es motivo de alegría aceptar los acontecimientos, interpretándolos como signos providentes del querer de Dios: “Alégrese con ese padecer y no dé lugar a que el demonio la inquiete con descontento de ese oficio” (Cartas 307, 3).

¿Sientes gozo por cómo vienes viviendo este tiempo?