jue

05

feb

2015

Santa Águeda

Heb 12, 18-19. 21-24; Sal 47; Mc 6, 7-13

“Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.» (Mc 6, 7-9)

RADICALIDAD EVANGÉLICA

Si leemos el texto evangélico fuera de contexto, nos puede parecer un tanto exagerada la exigencia, ya que es difícil comprender una misión sin un mínimo de equipamiento. ¿Cómo va a pedir Jesús a los suyos tanta menesterosidad e intemperie?

Siempre me ha extrañado este pasaje, aunque cada vez más lo comprendo mejor, desde una lectura sapiencial. Sin duda que es una llamada a la confianza, y resuenan las frases del Evangelio que invitan a fijarnos en la naturaleza, en los lirios y en los pájaros, para demostrar la providencia divina.

Hay quien interpreta que tanta radicalidad se debe a un envío urgente, inmediato, que no debe verse entorpecido por equipamientos pesados, que retrasen la disponibilidad. Para mí, la exigencia de Jesús a los suyos está en relación directa con su entrega en favor de sus discípulos, por los que va a dar la vida.

Sorprende el paralelismo posible si se compara lo que ofrece Jesús a los suyos, y lo que les pide. Él se convertirá en Pan de Vida; Él advierte dónde debemos encontrar el mejor tesoro. Si uno ha experimentado el don que hace de Sí mismo el Señor, no interpretará la exigencia como agravio, sino como privilegio de poder seguir e imitar al Maestro.

El consejo que da Jesús a los Doce de ir con sandalias, en el contexto bíblico, puede parecer que les pide que caminen con firmeza, pisando fuerte, como quien domina la situación, actitud un tanto extraña según los valores evangélicos. Sin embargo, si tomamos las sandalias como ajuar del novio, lo que el Maestro está indicando es que vayan a la misión por amor, enamorados.

EL MARTIRIO

Hoy celebra la Iglesia a la mártir santa Águeda, una de las primeras santas incorporada al Canon Romano, o plegaria I, de la Eucaristía. La virginidad y el martirio fueron dos trofeos con los que se afirmó el valor de la mujer, muchas veces dominada y esclava.

Santa Águeda se opuso a sus acosadores, y defendió su honor con el martirio, ejemplo que hoy se ha tomado como referencia en la reivindicación femenina. La santa vivió su ofrenda y radicalidad, según indica el Evangelio de hoy, como esposa enamorada de Cristo, que no quiso anteponer ningún amor al que profesó a su único Señor.