Recordar....vivir....abrazar

Monasterio Cisterciense Madre de Dios

Buenafuente del Sistal

 

Queridos hermanos:

Aún no ha transcurrido un mes desde nuestro último encuentro, y sin embargo, hemos vivido muchos acontecimientos que esta tarde queremos compartir.

 

En el primer mes del año, nuestra Madre la Iglesia, que solo anhela encaminarnos al cielo y que ya lo disfrutemos aquí en la tierra, a través de la liturgia de cada día, quiere mantenernos fuertes en nuestro combate personal. ¡Y a nosotros, en nuestra pobreza, lo cotidiano nos pasa desapercibido algunas veces! El sábado, día 17, celebramos a San Antonio Abad, un santo muy familiar y cercano, seguramente por su vida ejemplar, y motivo por el que se le invoca en tantas poblaciones. Tal vez, por ser un santo tan “doméstico”, hemos podido olvidarnos de su vida. Un día al entrar en la Iglesia, oyó que se proclamaba este Evangelio: “Si quieres ser perfecto, ve a vender lo que tienes, dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme” (Mt 19, 21). A partir de entonces, vivió como eremita y se le considera el padre del monacato. San Antonio se decidió por seguir a Jesús y entregarle su vida entera, no solo sus bienes. Por eso rezamos en la oración colecta del día de su fiesta: “Haz que, por su intercesión, tengamos la fuerza de renunciar a todo lo que nos separe de ti y sepamos amarte por encima de todo.” ¡Ojalá san Antonio nos lo conceda!

También hemos celebrado varios mártires, Nuestros Santos Padres Fundadores Roberto, Alberico y Esteban y ayer, para nosotras, cistercienses, otra solemnidad que este año brilla de forma particular: La Presentación de Jesús en el templo y la Purificación de María, Día Mundial de oración por la Vida Consagrada.

Este año, que el Papa Francisco ha decidido dedicar a la Vida Consagrada -y que iniciamos el primer Domingo de Adviento y se clausurará la próxima fiesta de la Presentación del Señor, en 2016-, os pedimos que nos unamos  en oración de forma particular por la Vida Consagrada en toda la Iglesia. Porque “... ¡Qué sería del mundo si no fuese por los religiosos”! Sta. Teresa de Jesús. Nuestra oración para que los objetivos que el Santo Padre propone en su Carta Apostólica a todos los Consagrados se encarnen en nuestras vidas: recordar con agradecimiento el pasado, vivir con pasión el presente y abrazar el futuro con esperanza. Rezaremos para que el Señor lleve a término con su gracia y nuestro querer, este propósito, en apariencia sencillo, que nos ha planteado el Papa. En todos, religiosos y seglares.

Antes de despedirnos, queremos recordar con mucho agradecimiento en nuestra oración al gran amigo D. Antonio Lago, que el pasado 21 de enero llamó el Señor junto a Él, tras una larga vida muy llena y entregada al servicio de sus hermanos.

¡Ojalá escuchemos al Señor! Con fraternal afecto, vuestras hermanas