II Domingo del tiempo ordinario

1Sam 3, 3b-10. 19; Sal 39; 1Cor 6, 13c-15a. 17-20; Jn 1, 35-42

LA LLAMADA

Pocos días, como sucede este domingo, se encuentran en las lecturas tantas concurrencias. Si se observan atentamente los textos que se proclaman en la Liturgia de la Palabra, en todos ellos se encuentra una referencia a la vocación esencial que tiene todo creyente cristiano: el seguimiento de Jesús.

De manera profética, se nos narra la vocación del joven Samuel y su respuesta, que se convierte en aforismo y referente, si se desea responder de manera adecuada a la voluntad divina: “El Señor se presentó y lo llamó como antes: -«¡Samuel, Samuel!» Él respondió:-«Habla, que tu siervo te escucha» (1Sam 3, 19).

El salmista, de manera semejante al pequeño Samuel, reitera la actitud que conviene tener en el caso de sentir la moción consoladora de seguir a Jesús. “«Aquí estoy -como está escrito en mi libro- para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas”. (Sal 39).

Para poder responder de la manera que se nos indica, una clave es tener conciencia de que no nos poseemos. Y los dones naturales y espirituales recibidos no son para provecho propio, sino para servir a los demás. La afirmación del apóstol Pablo es contundente: “No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!”  (1Cor 6, 19-20)

El ejemplo que nos dan los primeros discípulos del Maestro de Galilea, al comienzo del Tiempo Ordinario, marca la actitud que nos corresponde mantener. Si no se ha llegado a discernir la llamada, al menos deberemos mantenernos en actitud de búsqueda, y en caso de percibir la resonancia del Evangelio, la decisión de dejarlo todo y de seguir al Señor es lo que procede, según el relato del Cuarto Evangelio.

Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: “-«¿Qué buscáis?» 

Ellos le contestaron: -«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»

Él les dijo: -«Venid y lo veréis.» 

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde” (Jn 1, 39).

Aunque se puede contemplar la concentración de textos relacionados con la llamada de Dios, a la hora de la respuesta, se descubre la necesidad de un proceso. Así se advierte en el caso del profeta Samuel y en el de los discípulos de Jesús. Lo importante es mantenerse en la escucha interior y en la interpretación teologal de los acontecimientos.