mar

06

ene

2015

Epifanía del Señor

Is 60, 1-6; Sal 71; Ef  3,  2-3a.  5-6; Mateo 2, 1-12

LA LUZ INTERIOR

El profeta Isaías asegura: “¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!” (Is 60,1). Mas, ¿de qué luz se trata, qué amanecer nos trae tanta claridad?

Se especula con el movimiento de los astros, se hacen conjeturas sobre fenómenos celestes, se intenta descubrir la verdad histórica de la estrella guía. No pretendemos objetivar científicamente los hechos, pero lo cierto es que ha aparecido quien es la Luz, y gracias a Él todo queda iluminado y cobra un sentido diferente.

La salvación, gracias al nuevo día, al Sol que nace de lo alto, alumbra a todas las naciones y se ofrece a todos los pueblos: tienen sitio los del Norte y los del Sur, del Este y del Oeste. “También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio” (Ef 3, 6).

La pregunta: “-¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo” (Mt 12, 2), tiene respuesta interior. Lo ven los que lo buscan, y se revela a los humildes y limpios de corazón, no importa de la nación que sean, ni la raza que tengan.

Jesús ha venido para todos los hombres, su Evangelio alcanza a todas las naciones. Se ha manifestado la Verdad, y a quienes la acogen se les descubre su propia identidad y llegan a saberse salvados, redimidos, elevados a la dignidad de hijos de Dios.

Es día de difundir la luz, de ser testigos de la claridad interior, de poner la vela sobre el candelero, para que alumbre a todos los de casa, y todos conozcan la visita de nuestro Dios.

No haremos a tientas El camino que acabamos de emprender al comenzar el año 2015, si acogemos la señal luminosa que nos guiará cada día hacia la voluntad de Dios. El itinerario que nos enseñan los Magos de Oriente es la obediencia. Y a quienes buscan con sinceridad el querer de Dios, Él se les manifiesta a través de mediaciones paradójicas, como les sucedió a los Santos Reyes, a quienes Herodes les reveló dónde encontrarían al Mesías.

Tantas veces, Dios nos conduce por caminos inesperados, mas si avanzamos  de la mano de la Palabra e iluminamos los acontecimientos con las Escrituras, por la paz que se instala en el corazón al ir dando los pasos que comprendemos como voluntad divina, alcanzaremos la meta diaria y el destino luminoso.

Te deseo que encuentres tu estrella, y no la busques lejos, recuerda que la de los Magos se paró encima de donde estaba el Niño.