Carta de Navidad 2014

 

Querido Amigo de Buenafuente:

Al hilo de la peregrinación por Tierra Santa, donde pude acompañar a un buen grupo de peregrinos, de la mano de las enseñanza de Santa Teresa de Jesús, especialmente en el momento de contemplar la Pasión de Cristo, me vino a la memoria lo que dice precisamente la santa respecto a la posada, al pesebre y al portal, aplicándolo no solo a las circunstancias en las que nació Jesús, sino a nuestro propio interior.

Cuando las relaciones son difíciles, y cabe que se instale en el corazón la violencia, es bueno recordar el dicho de la maestra espiritual: “Piensen y crean han echado a su Esposo de casa y que le necesitan a ir a buscar otra posada, pues le echan de su casa propia” (Camino de Perfección  7, 10).

La Navidad es propicia a reavivar el sentimiento por lo que acontece cuando recibimos al Señor en la Eucaristía: “Cuando comulgaba, ni más ni menos que si viera con los ojos corporales entrar en su posada el Señor, procuraba esforzar la fe, para que, como creía verdaderamente entraba este Señor en su pobre posada, desocupábase de todas las cosas exteriores cuanto le era posible, y entrábase con El” (Camino de Perfección 34, 7).

Son días de hospitalidad, de visita a los amigos, de familia, y todo es para significar el hospedaje que deseamos dar a quien viene a lo más íntimo de nuestro propio interior: “Pues, si cuando andaba en el mundo, de sólo tocar sus ropas sanaba los enfermos, ¿qué hay que dudar que hará milagros estando tan dentro de mí, si tenemos fe, y nos dará lo que le pidiéremos, pues está en nuestra casa? Y no suele Su Majestad pagar mal la posada, si le hacen buen hospedaje”.

No nos cansemos de hospedar al Señor dentro de nuestro castillo, y de acogerlo en aquellos que son la mayor presencia de la debilidad y pequeñez del Niño de Belén. ¡Oh Señor de mi alma, y quién tuviera palabras para dar a entender qué dais a los que se fían de Vos, y qué pierden los que llegan a este estado, y se quedan consigo mismos! No queréis Vos esto, Señor, pues más que esto hacéis Vos, que os venís a una posada tan ruin como la mía. ¡Bendito seáis por siempre jamás!” (Vida 22, 17)

No son días para egocentrismo, sino de compartir, de admirar y contemplar en el anonadamiento de Dios hecho hombre, el esplendor de la gloria de Dios, como cantan los ángeles ante el portal. “Represéntase tan señor de aquella posada, que parece toda deshecha el alma se ve consumir en Cristo. ¡Oh Jesús mío!, ¡quién pudiese dar a entender la majestad con que os mostráis!” (Vida  28, 8)

Con el deseo de que goces al saberte habitado por la Humanidad de Cristo, y la descubras en quienes te rodean.

¡Feliz Navidad!