mar

23

dic

2014

Desde el monasterio, Navidad 2014

Queridos hermanos, ¡qué gozo encontrarnos en Dios, hecho Niño para nuestra salvación!, esta tarde, la víspera del acontecimiento más esperado, en la actualidad y a lo largo de la historia. Tal vez para muchas personas, la espera del nacimiento del Hijo de Dios esté viciada por tantas situaciones de nuestra sociedad actual; tal vez no tengamos rectitud de intención... No importa: “Él viene a libertar a los que en tinieblas esperan”. Dios es nuestro Padre y es Todopoderoso; “en un instante, en un pestañear de ojos” puede darnos su gracia para acoger con verdad a su Hijo primogénito en nuestro corazón.

 

El evangelista san Lucas nos transmite en los primeros capítulos de la subida a Jerusalén, la exhortación de Jesús a los discípulos. Invitándolos a estar preparados para cuando Él vuelva, les dice: “He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!” (lc 12, 49). Esta frase es la que el Niño Jesús, desde la ermita de la Virgen de los Santos, nos dirige a todos los Amigos de Buenafuente, a nosotras, las monjas, las primeras. El fuego del amor de Dios, porque el amor prende fuego, arrasa; “La Caridad de Cristo nos urge” (2ª Co 5, 14), nos incita a salir de nuestros sentimentalismos. “Nosotros amamos, porque Él nos amó primero” (1ª Jn 4, 19). El Niño Jesús, que ya llega, no nos pide algo nuestro, solamente devolver lo que ya hemos recibido en abundancia a lo largo de nuestra vida.

 

Oremos juntos esta tarde para que el espíritu de este Niño, que es la Palabra de Dios, ilumine nuestras oscuridades y nos mueva hacia los hermanos, olvidándonos un poquito de nosotros mismos. Demos gracias a Dios porque nos considera dignos de pequeños o de grandes sufrimientos, de compartir estos días con Él su cruz. Recordemos a los cristianos refugiados de Irak y a todos los perseguidos.

 

¡Feliz Navidad! y un año próximo en Paz,

vuestras hermanas de Buenafuente del Sistal