dom

20

abr

2014

Carta de Pascua

Querido amigo de Buenafuente:

Déjame que te diga la noticia que ensancha el alma, da luz a los ojos, revela el horizonte del camino, y se convierte en compañera alegre, esperanzadora y luminosa. Comparto contigo lo que no puedo retener: que al amanecer del primer día de la semana, las mujeres han encontrado el sepulcro vacío, y han oído que Jesucristo ha resucitado.

Los discípulos están turbados, Pedro y el más joven han ido temprano al sepulcro y confirman que está todo como dicen las mujeres. De entre los discípulos, el más amado del Señor, asegura que la causa de encontrar vacío el sepulcro es que en verdad ha resucitado Cristo.

No solo lo afirma el discípulo amado; a medida que avanza el día, se confirma la noticia, porque Jesucristo se ha presentado en el lugar donde estaban todos reunidos, y el miedo, el temor, la humillación han desaparecido del grupo. Ahora todos están proclamando con gran entusiasmo la resurrección del Señor.

Es verdad que hay escépticos. Tomás no ha podido soportar la muerte de su Maestro, y para resistir el dolor, se ha separado del grupo, a sufrir a solas y en silencio. Lo mismo, dos de ellos, que en vista del fracaso que ha sido la muerte del que creían su jefe, han emprendido, desesperanzados, el camino de retorno a ningún sitio. Pero me dicen que en ambos casos, han tenido experiencias muy fuertes de Él y se han sumado a los demás, llenos de fe y de alegría. Ahora todos aseguran que es verdad, que ha resucitado el Señor, y que se ha dejado ver por muchos.

Yo no lo he visto, pero creo. Yo no he puesto mi mano en la herida del Crucificado, pero soy testigo de que la mía ha quedado iluminada. No puedo contarte ninguna visión extraña, pero dentro de mí siento el gozo y la paz de la presencia de quien sé que está resucitado y me acompaña.

No creas que son palabras bonitas. Cuando me adentro en la profundidad de mi propio corazón, por las señales de paz, fuerza, ánimo, deseos de entrega que percibo y  que se sobreponen a mi experiencia real de fragilidad, averiguo que el Resucitado nos ha entregado su Espíritu, como huésped del alma, y es Él quien susurra en el interior la certeza de la fe.

No deseo imponerte mi convicción, pero si das crédito a lo que aseguran las Escrituras, confirman los testigos y se experimenta en la hondura del ser, si das fe a la verdad de la resurrección de Jesús, todo cambia, y la vida se convierte en un camino hacia la posada donde se nos convidará a un banquete de bodas.

Déjame felicitarte o mejor, felicitémonos, porque la muerte ha sido vencida, el pecado perdonado, la desesperanza se ha trocado en cantares, y los miedos en testimonio. ¡Cristo ha resucitado!

Amigo, feliz pascua florida. En verdad, ¡Cristo ha resucitado!