mar

01

oct

2013

CON CORAZÓN

Queridísimos hermanos, después del verano retornamos a esta cita de oración mensual, aunque con muchos  de vosotros hemos compartido la alegría de la celebración del cuadragésimo aniversario del Día de la Amistad. Hemos estado, convocados desde el Corazón de Cristo, en torno al altar y a la fraternidad, todos “de todo corazón”. Por esto, os agradecemos a todos vuestro esfuerzo para que esta pequeña y pobre Comunidad sintiera, como siempre, el apoyo de todos y de cada uno de vosotros y por conseguir entusiasmarnos con vuestras hermosas y diversas expresiones artísticas.

 

A lo largo de estos 40 años nuestro vínculo ha sido la fe, que es con mucho lo mejor que hemos recibido: de nuestros padres, a través de la Iglesia, o por múltiples mediaciones. "Pero llevamoseste tesoro en vasos de barro, para quese manifieste que lo sublime de este  amor viene de Dios y que no viene de nosotros” (2 Cor 4,7). Tesoro que hemos de defender de las innumerables tentaciones del demonio, como nos invita san Pablo: “Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado” (1ª Tim 6,12).

Con la misma fuerza que san Pablo exhorta a Timoteo, nos invita a nosotros esta tarde, a esta Comunidad de amigos de Buenafuente, en la que cabemos todos, a entrar en batalla; no solos o por nuestra cuenta, sino en comunión y con la garantía de todos los que nos preceden y gozan ya de la presencia de Dios. Además de los que hemos conocido y querido, también con el ejército de monjas del Sistal que han entregado su vida en nuestro monasterio desde hace casi VIII siglos. Sí, pongamos nuestro granito de arena, unamos nuestro insignificante esfuerzo a la milicia celestial, sin escudarnos en nuestra pobreza, debilidad o vejez; el Señor solo nos pide aquello que Él ya nos ha regalado primero. Esta es nuestra batalla, FIDELIDAD a la misión, en el estado de vida en el que Cristo nos ha llamado, con esmero, como dice san Benito: “Considere todos los objetos y bienes del monasterio como si fueren los vasos sagrados del altar” (RSB XXXI, 10). Qué bien mayor que nuestra vida: "Os rescataron a precio de la sangre de Cristo"(1ª Pe 1, 19).

 

Para esta cruzada hemos de ir: “Ceñidos con la verdad, revestidos de la justicia de la Cruz” (Ef 6, 14) y ligeros de equipaje. Así comenzó el Señor nuestro verano, despojándonos de nuestra querida Madre Teresita y así ha finalizado, con la salida de nuestra Comunidad de nuestra hermana sor Mª Carmen. Por estos y por todos los acontecimientos de nuestra fraternidad de Amigos, pese al dolor y el sufrimiento de algunos de ellos, digamos con el corazón: 

 

“Bendito sea el Nombre del Señor ahora y por siempre” (Sal 113,2)